Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Una canción al individualismo
11-7-2018 10:30
Por Verion
Prácticamente todos los años en algún momento del verano -en verdad en varios momentos a lo largo del año- recuerdo la llamativa acción realizada por Marvin Heemeyer en Grandby, Colorado, y que me llenó de sorpresa y reflexión hace ya catorce años, ¡cómo pasa el tiempo!

Para los que quieran leer la historia completa pueden pasarse por ejemplo por este artículo que toca más aspectos de los que yo voy a traer, pero si no, aquí viene mi inexacto resumen.

Marvin tenía una tienda. Una empresa quiso comprársela para hacer un centro comercial, y ante su negativa lo hicieron igual, tapando el acceso a la misma. Marvin llevó el tema al ayuntamiento, pero probablemente estarían comprados porque lejos de ayudarlo le pusieron una multa. Así que Marvin vendió la tienda con la condición de contar con un año para desalojarla. En su lugar se construyó un tanque con un bulldocer (no tenía cañones, pero fusiles unos cuantos), y concluido el aparato, destruyó las oficinas de la empresa, el ayuntamiento, la casa del alcalde y otras construcciones de gente la que consideraba culpable. Ocasionó un caos de la rehostia, y cuando ya lo iban a capturar (que les costó de cojones) se disparó a sí mismo en la cabeza.

Esta historia tiene muchos grises, porque ya se sabe que las personas rara vez somos ejemplos puros de virtud o maldad, pero un hecho hace que yo lo recuerde como un ejemplo de algo: Marvin fue la única víctima mortal de todo este alocado y muy premeditado acto.

Es posible que en realidad Marvin no fuera tanto una víctima de una conspiración entre las corporaciones y el ayuntamiento local, y que todo estuviera en su cabeza, pero sin duda eso nunca lo vamos a poder confirmar porque los poderes instaurados siempre son opacos. Pero aunque así fuera, sirve como ejemplo de lo que pretendo tratar, y es esta peculiar forma en la que a veces la sociedad occidental es capaz de privarnos de algo tremendamente importante sin que le importe una mierda. Esta forma de faltar al respeto al individuo choca mucho con la extrema libertad con la que uno puede, si quiere, ponerse a quemar litros de diesel en un motor permanentemente encendido, o construirse un bulldocer blindado.

Creo firmemente que si las personas nos agrupásemos podríamos demostrar un gran poder frente a, por ejemplo, gobiernos y corporaciones, pero creo también que una persona decidida a causar daños tiene un enorme potencial destructivo, como ejemplificó Marvin. ¿Qué ocurriría si todos fuésemos un poco más cómo él, y un poco menos sumisos? Bueno, quizá simplemente cambiarían algo las estadísticas que manejan los poderosos, pero sin duda algo cambiaría.

Volviendo a la materia favorita de los lectores de este espacio, que es la ficción interactiva, se me ocurrió plantear la siguiente cuestión: ¿qué clase de distopía ocurriría si la exaltación de los actos individuales destructivos fuera una costumbre?

Tenemos muchos ejemplos de juegos de rol en los que el poder es acumulado de forma casi absoluta por enormes corporaciones, como es el caso de todo el cyberpunk, pero también tenemos muchos entornos en los que estados absolutistas tienen el control, como es el caso del patrio Walküre. Pero no se me ocurrieron muchos entornos de distopía individualista.

Pensé que podía ser un punto de vista interesante. Está claro que no se trata de plantear un anarquismo utópico, sino todo lo contrario, uno en el que los actos de Marvin serían prácticamente un descanso pacífico (recordemos que solamente se mató a sí mismo), sino que la violencia fuera constante continuada e inevitable. Tal y como yo lo veo, esto generaría pequeñas comunidades con un culto a la personalidad, o incluso individuos supervivientes isolados. Claro que esto crearía mucho pánico en general, así que las afecciones mentales tendrían un impacto importante…

… y si incluimos poderes psiónicos basados en esa locura… pues ya perfecto, ¿no? Sin darme cuenta, mi absurdo hilo de pensamiento me había llegado directamente a fRáGiL, lo cuál en sí mismo me pareció interesante, porque me señala las curiosas formas que tiene de expresarse una idea.

De hecho hay una aventura que arbitré dentro de pozoamargo -y que sale mencionada en el entorno de campaña- en al que un tanque entra en la ciudad y empieza a cargarse edificaciones de forma selectiva. Se diría que guarda un parecido importante con el último gran acto de Marvin Heemeyer.

Así que creo que fRáGiL puede verse como una canción a la individualidad, un recuerdo a la capacidad destructiva que está a nuestra disposición y que algún día podemos llegar a usar contra gobiernos corruptos y empresas enloquecidas por el deseo de lucro.

Pronto en sus hogares.


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