Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Insultando decentemente en castellano español (II)
15-11-2017 18:57
Por Verion
He considerado oportuno continuar el anterior artículo sobre palabrotas dado que tuvimos algunos debates en la tertulia Ocin 137, y me pareció oportuno hacer varias clarificaciones y ampliaciones que se van a tomar su tiempo. Lo principal que quería decir es que me refería a tacos que se dicen en un momento de fuerte calentón con posibilidades (o incluso certeza) de violencia física. Vamos, lo que viene a ser relativo a un cabreo de cojones.

En estas circunstancias uno no puede ser muy fino porque está cabreado y un poco nervioso, así que van a aflorar los instintos más inmediatos y no vamos a poder soltar una comparación ocurrente. De hecho si lo hacemos probablemente denotemos ante nuestro oponente que no estamos listos para el conflicto físico, sino que más bien somos una suerte de bocachancla.

En esas circunstancias sí que sostengo que el castellano de españa es muy bueno para insultar. Pero dadas otra situación en la que queremos hacernos el gracioso, ya no puedo afirmar nada, porque en ese caso la expresión vocal de cada palabra no tendrá tanto peso como el valor de la ironía o comparación utilizada.

En cualquier caso este tipo de ofensa requiere más preparación. Es decir, que o somos muy ocurrentes, o tenemos que llevar algunas de casa apropiadas para diversas situaciones. Yo no soy particularmente rápido, pero aquí delante del teclado me puedo tomar mi tiempo y sacar o recordar un par que sirvan de ejemplo.

Pongamos por caso que queremos señalar a nuestro oponente que es un miserable o un mezquino, pero no queremos usar una expresión tan simple. Podemos decirle, por ejemplo que “las serpientes te hacen sombra” mientras negamos con frustración.

Algunas personas pueden dejarse llevar por el entusiasmo y realizar una comparación que se pase de graciosa y reste énfasis a la aportación. Por ejemplo, si queremos decirle a una persona que es un puto falso y le decimos “mientes más que un político en elecciones” podemos despertar alguna carcajadilla. Aunque quizá sea un asunto de estilo, ¿qué sabré yo?

En ecualquier caso este tipo de ofensas pueden ser muy brutas. Si por ejemplo en vez del clásico )y homófobo) chupapollas alguien utiliza la fórmula “a ti te debió dar de mamar tu padre”, pues igual las cosas si que acaban con una hostia por aquí y otra por allá, pero claro, el cretino que suelte eso no está del todo cabreado, porque si lo estuviera no tendría tiempo de soltar una frase tan larga.

Y hablando de tacos que hacen referencia a enfermedades, en su lugar alguien podría decir “¿sabes si lo tuyo es hereditario?”, y de ahí se puede continuar de varias formas. Por ejemplo, si el sujeto es joven podría ser algo como “claro que quien se te iba a acercar con esa actitud de...”. Si por el contrario el sujeto es mayor, podría acabar con “Lo digo porque cuides de no tener un hijo tardío”.

Evidentemente la lista es enorme. A alguien que es muy pesado podemos decirle “Oye, ¿crees que llegaré a casa pronto o pido cena para llevar?”. A alguien que nos hace trampas en el torneo de cartas le podemos señalar “Tienes más trampas que la tumba de Tutankamon” o “Esos abrigos con bolsillos en las mangas, ¿te los apañas tú o hay una tienda?”. Y pueden ser muy especialistas; por ejemplo, a uno que vemos fliparse con su propia interpretación en una partida online podemos decirle que es un huelepedos o un chupacámara, pero también soltarle “De vez en cuando deberías probar a cocinar para los demás”.

Insisto en que ninguna de estas es mi método, y que de hecho no se me dan particularmente bien, pero sí he observado que este tipo de ofensas pueden tener un carácter universal o entrar dentro del criterio de cada uno. Por ejemplo, pongamos que hemos descubierto que un responsable de contratación que es un mafias que nos propone que subamos el precio del servicio para él luego llevarse dinero por debajo de la mesa. En lugar de llamarlo puto chorizo sinvergüenza podríamos decirle “robas más que un político del congreso”, que es algo que entiende todo el mundo. Si por el contrario le decimos “tú tienes más sobres que el presidente del gobierno” (o citando su nombre, que no quiero que esto aparezca en buscadores), la comparación será confusa: si el responsable de contratación es votante del partido en el gobierno, igual no se da por aludido, y a lo peor, en lugar de ofenderlo, la conversación deriva a una indeseada e indeseable discusión política.

Como ya he dicho, a mí esta práctica no me va en absoluto porque considero los insultos como una parte de la escalda hostil, pero enlazo a los lectores a compartir sus metáforas o comparaciones comunes (de haberlas), y empiezo a preparar la tercera parte de esta serie: los insultos por internet.


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