Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Reseña GPD WIN: un sueño hecho realidad
29-11-2016 13:17
Por Verion
No ocurre todos los días que haga una reseña en este espacio, y tampoco ocurre todos los días que cumpla uno de mis complicados sueños, así que es lógico que coincidan. Intentaré explicar por qué se produce esta identificación, y así compartir un poco más de mi persona.

El objeto clave de la reseña es una videoconsola portátil que se financió mediante uno de estos procesos de financiación colectiva. En este caso la empresa GPD ya había hecho algunos de estos aparatos, si bien todos se basaban en Android, lo que para mí no es muy agradable. En este caso el dispositivo pretendía contar con un Windows completo, lo que a mí me place bastante más. En verdad estaría aún más contento con un Debian, pero eso es otro asunto… así que allá va una foto de esta chiquitina.


Aquí está corriendo el Mortal Kombat IX, lo que, si se me pregunta, no está nada mal para un cacharrillo así de pequeño. En la foto lo he comparado con objetos comunes para que se vea que es un aparatejo realmente pequeño que cabe entre las manos. Del tamaño de un móvil grande, si bien es bastante más gordote por motivos que ahora iré contando.

Sigo con la cuestión más técnica, y dejo la más personal (lo del sueño) para el final. En este caso lo que nos encontramos es un dispositivo que prácticamente es un portátil de gama baja con un procesador Atom que ya es de los últimos, porque esa línea está cerrada por Intel. Por lo demás, 4 GB de RAM nos permitirán cargar bastante juegos, el teclado da para escribir unas frases, los mandos están bien (muy bien, yo diría), tiene una pantalla táctil que responde como la de un móvil, bluetooh, USB 3.0, una salida HDMI (podemos convertirlo en un ordenador), y una pedazo de batería de 6700 miliamperios, que no está mal. Diría que casi se puede definir más por sus carencias: no tiene donde meter una tarjeta de móvil para poder jugar en cualquier lado sin dependencias externas, así que habrá que usar la “zona wifi” del móvil.

Tengo que decir que a mí me resulta un poco triste adquirir este tipo de dispositivos. Es decir, todos sabemos en qué tipo de fábricas son ensamblados, y cómo se obtienen las materias primas necesarias. Soy partidario de comprar cosas como el fairphone, y este GPD Win no creo que esté a la altura moral. Lo único que puede hacerle a uno sentir un poco mejor es que está comprada directamente al fabricante de Hong Kong sin intermediarios del primer mundo, pero dudo que eso repercuta en que sus trabajadores tengan unas condiciones de vida muy buenas, sino que más bien sospecho que habrá hecho rico a unos pocos. En este sentido el aparato costó trescientos dólares que adelanté durante el proceso de financiación colectiva en indiegogo hará unos seis meses. En el sentido de una compra aislada de los conceptos morales, no me arrepiento en nada.

Sí que puedo sacarle dos fallos. El primero es que el altavoz tiene muy poca fuerza. Claro que uno le puede equipar cascos, pero a mí eso no me va demasiado, así que en ambientes mínimamente ruidosos no se va a oír nada. Esto además guarda relación con que decidieron, de última hora, cambiar uno de los dos altavoces por un ventilador para el procesador, cosa a la que me opuse sin mucho peso. De acuerdo que este ventilador permite que juguemos a juegos más modernos, pero es la clásica pieza móvil que se romperá antes de tiempo y dejará a nuestro trasto haciendo un ruido horrible. Como extraño aliciente, este ventilador se controla con un selector en la parte inferior de la consola. Tiene tres grados: apagado, a media potencia y a tope. Si está a tope se oye mucho, y eso que está nuevo. El mío probablemente se pasará apagado toda su, espero, larga vida.


He probado a instalarle un par de juegos no muy modernos, pero sí de estos últimos ocho años, y la consola ha aguantado con dignidad. Evidentemente la idea es tener el aparato entre las manos, así que no todos los juegos son adecuados para el tipo de control, pero cualquier veterano de los mandos (yo soy más fino con los teclados) podrá disfrutar cantidad de títulos. Todo un logro de la existencia, desde mi punto de vista.

Pero la verdad, yo no me habría comprado esta GPD Win para jugar a Mortal Kombat IX, o ni siquiera el Dark Souls, que creo que aguanta por lo menos la primera parte. No, yo quería está GPD para jugar al Ollvaror Caves, y tal y como era de esperar (el OC ha funcionado en tablet hiper cutres) con muy pocos click estuve dentro de una mazmorra y pude tener una sensación que llevaba años, muchos años, esperando tener. Y ahora sí que llega la parte personal.


Siempre me han gustado las consolas portátiles. De niño no tuve ninguna, y ya más mayor me hice con una GBA con la que jugué hasta hartarme al Shining Soul I y II, los cuales tenían multiplayer a través del cutre cable “link” de este soporte. Más tarde aluciné con la Nintendo DS, y especialmente con algunos de sus Castlevania. Fue por aquella época que me propuse que haríamos un videojuego de este estilo pero multijugador, con todo el estilo y personalidad de Espada Negra, y desde luego con multitud de mecánica innovadoras que ya están implementadas. Así que gran parte del sueño cumplido no es por esta empresa de Hong Kong, sino por el propio esfuerzo desarrollando un videojuego que cumpliera mis propias expectativas.

Ignoro por qué tengo tanta afición por las consolas portátiles. Supongo que me gusta estar fuera de casa y poder aislarme de la sociedad en cualquier esquina, internádonme en el mundo de la imaginación. A fin de cuentas es como tener otra alternativa a, por ejemplo, un libro.

Esto de cumplir mis objetivos ya me ha pasado con varias cosas. Estos “sueños” que voy cumpliendo no son en sí un precepto claramente identificable, sino una sensación ingenua que deseo ver cumplida. Uno, por ejemplo, fue pasear junto a las murallas de Avanil, cosa que se consiguió con el módulo de NWN. Otro fue tener un juego de cartas con los personajes de EN, que también se consiguió hace poco. Tener el Ollvaror Caves entre las manos, en un aparato autónomo es un tercero. Se van cumpliendo, y me van quedando menos.

Queda mucho por trabajar, claro. El siguiente paso sería acabar el OC, y desde luego tener una versión que corriera no solo en Windows y Linux, sino también en Android, de manera que pudiéramos desplegarlo no solo entre las manos de este hermano olvidado, sino entre las de cualquiera con un económico aparato de dicho sistema operativo.

Los pilares con los que se ha construido la tecnología moderna están manchados con la sangre de esclavos y el sudor de obreros que son completamente manipulados por un poder superior. Pero con toda esta maldad, el resultado es de una simplicidad y funcionalidad extrema que permiten el cumplimiento de sueños que hace veinte años parecían imposibles.


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